La adolesscencia suele ser ya una etapa difícil.
El adolescente tiene que hacer frente a la pérdida de un ser querido, al mismo tiempo que hace frente a todos los cambios, dificultades y conflictos propios de su edad.
Aunque exteriormente parezca ya un adulto, el desarrollo del cuerpo no va siempre a la par con la madurez afectiva. Es por eso que necesita todavía mucho apoyo afectivo para emprender el doloroso y difícil proceso del duelo.
Podemos pensar que entonces puede encontrar alivio y ayuda en sus amigos. Pero cuando se trata de la muerte, salvo que se haya vivido una situación similar, los amigos se sienten impotentes y pueden ignorarlo totalmente.
Por otra parte, atravesar un período de desvalorización y cuestionamiento de sus padres es una forma normal, aunque difícil, de separarse de ellos. Si desafortunadamente su padre o su madre fallecen mientras está alejándose física y emocionalmente de ellos puede experimentar un gran sentimiento de culpa, y la necesidad de separarse que experimentabaa puede hacer el proceso de duelo más complicado.
Muchas veces el adolescente, aunque sufra intensas emociones, no las comparte con nadie, porque se siente, de alguna manera, presionado a comportarse como si se las arreglara mejor de lo que realmente lo hace.
Después del fallecimiento de su padre, su madre o de su hermano se suele pedir que sea fuerte para sostener al otro pade. Pobre, no se siente capaz de sobrevivir a su propio dolor y además se le exige que sostenga a otros.
Este tipo de conflicto puede tener como resultado que el adolescente renuncie (duelo aplazado o congelado) a vivr su propio duelo y transforme el proceso en rabia, miedo e impotencia...la antesala de empezar a preguntarse por qué y para qué vivir.

