
Les voy a contar mi historia, la cuál ustedes podrán no creer ya que es la causa por la cuál estoy ahora mismo en un asilo para enfermos mentales.
Mi nombre es Uterson Smith, desde algún tiempo vivía sólo en mi magnífica mansión, solamente mi sirviente, Adam, estaba acompañandome.
Siempre preferí la soledad, no me pregunten por qué, solo me afectaba la presencia de la gente, me sentía invadido.
Una tarde luego de leer libros y de ver cosas qué no debo mencionar para no confirmar mi estado mental decidí salir.
En silencio, sin que Adam lo supiera comencé a caminar por los largos y húmedos yuyales que invadían el patio, al fondo de mi magnifica mansión.
Nunca había sentido el placer de caminar sin ser visto, sin ser oído. Era el silencio perfecto, como siempre lo había deseado.
En un momento me percaté en un detalle, que en otro momento hubiera sido fatal para mí: estaba perdido. Por primera vez hubiese deseado no estar solo, ahora aunque grite y me haga oir, aunque rompa ese silencio que resultaba tan placentero en mí, nadie podría oirme, nadie podría ayudarme, nadie podría saber de mi existencia. Pero no me importaba, no sentía que eso fuese un obstáculo para continuar caminando (aunque debo admitir que algo dentro de mí me ponía nervioso).
Al fin encontré un lugar que podía ser mi salvación, aunque si hubiese sabido que realmente no era mi salvación hubiera seguido de largo, pero no, en ese momento no lo sabía, en ese momento era mi luz en la oscuridad, era mi oportunidad de hacerme oir, por primera vez sentía que iba a existir para alguien más que Adam.
Al acercarme hacia la puerta, noté alrededor tumbas, pero en especial una me llamó la atención, una que tenía un candado y sobre ella había dos iniciales: U.S.
Al abrir la puerta de aquella increíble mansión venida abajo, (que sino fuese por su olor y apariencia a vieja, vacía y quemada, podría haber creído que era mi magnífica mansión), sentí un escalofrío, pero fue peor la sensación de ver aquellos cuerpos, sin vida, con sus rostros calcinados, la figura desarmada, los ojos blancos que no miraban hacia ningún lado y las bocas abiertas pero sin pronunciar palabra, bailando. Si, allí estaban ellos bailando, como sino notaran que no había música, sólo se movían, pero sin sentir nada. Uno de ellos tenía una llave en esa mano que se movía como llamándome e invitándome a que la tomara, al no poder resistir aquella tentación, aún más fuerte del miedo que me provocaba saber que la muerte estaba frente a mí, tomé la llave, al tomarla me dí cuenta que los cuerpos no notaban mi presencia.
Al mirar la llave y de forma repentina vino a mi mente lo que debía hacer, ahí supe cuál era el porque de mi salida, porque había llegado hasta allí, mi objetivo. El día de mi muerte había llegado. Salí del horrendo lugar al que pronto volvería convertido en un cuerpo igual a cualquiera de aquellos que estaba allí, me dirigí hacia la tumba que tenía grabadas las inciales: U.S, mi tumba, puse la llave en el candado, abrí la puerta de lo que sería mi descanso, entré, y volví a cerrarlo.
Luego, ví la cara de Adam, el único que hoy está junto a mí.
- Adam, podés alcanzarme un vaso de agua? Quiero morir ahogado.
-Si Señor.

